Recuerdo cuando mi madre de pequeño siempre me decía que
debía portarme bien con las personas, que debía dar las gracias por todo,
lavarme las manos antes de comer y que tenía que mirar para ambos lados de la
carretera al cruzar.
Yo me portaba bien e incluso llegaba a ser demasiado
ignorante, dejando que otros me pisaran allá donde fuese y sólo fuese capaz de
sonreírles porque así me lo habían enseñado. El Sol se escondía detrás del
mundo y yo detrás de él para ocultar mis defectos de cobardía.
Sin embargo creces y te cansas de vivir a la sombra de todo.
Decides que ha llegado tu momento y quieres cambiar las cosas. Es entonces
cuando la vida te empieza a tratar como a un pequeño héroe, dándote metas y
objetivos concretos y haciendo de ti una persona valiente que no se deja
infravalorar por nadie.
Pienso entonces si hubiese sido al contrario, si hubiese
crecido teniéndolo todo y creyéndome el más fuerte. ¿Cómo se habría portado el
destino conmigo entonces? Posiblemente no tendría a mi lado a todas las
personas importantes para mí y quizás no hubiese encontrado aquella chica que
ha hecho que descubra mi lado más romántico y que es capaz de levantar mis
ánimos con una sonrisa. De algún modo todo sería distinto y no sería yo mismo.
Entonces hago memoria ahora de todo lo que he vivido y
pienso que es eso lo que hoy en día me ha hecho ser como soy. Han sido mis
fallos y mis tropiezos los que han construido una persona firme y feliz. Han
sido mis errores y mis malos momentos los que me han hecho aprender a
levantarme una y otra vez, y es por su culpa que hoy el destino me sonríe.
“Cada uno recibe lo que se merece, eso es el Karma, dar a las personas según ellas ofrecen”.
Cupin’’’
Charta et Calamo

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte.
ResponderEliminarAl final, a los malos momentos tendremos que agradecerle nuestra madurez.
Gran entrada :)