Si observamos a unos niños pequeños veríamos sus verdaderas actitudes, porque no saben ocultarlas, se toman las cosas sin pensarlas, ven todo de modo general, son muchísimo más felices, pero claro, necesitan de alguien, no pueden vivir por sí solos, de ahí viene el amor y los sentimientos de afección, el primer beso, los abrazos, la separación. Luego viene la escuela, y empezamos a ver el mundo de un nuevo modo, aprendemos que no podemos volar, que las cosas no ocurren como queremos que ocurran, que el mundo que vemos a nuestro alrededor es nada en comparación con el mundo verdadero. Todas nuestras ilusiones se rompen como un cristal, en miles de piezas, y no queda nada. Profundizamos en este mundo, buscando un sentido, olvidándonos de todo lo anterior, miramos al futuro con esperanza, deseamos tener una vida como en las películas. Pero la realidad, la cruda realidad, se nos presenta como un muro infranqueable, chocamos, nos sacudimos, nos damos cuenta y seguimos, sin embargo, otra vez nos vamos hacia el muro. Esa tendencia del ser humano quizá sea normal, tal vez somos como objetos bajo la acción de la gravedad, tendemos hacia el muro, aunque esto podría no ser así, puede que no tendamos hacia el muro, sino hacia lo que hay más allá del muro, y el muro es solo un obstáculo puesto por nosotros mismos. Nos encerramos en este mundo estrecho y limitado, deseamos vivir a tope, queremos que todo nos vaya bien, que todo tenga sentido, pero no ocurre así. Chocamos desesperadamente contra los límites de la realidad, y nos quedamos ahí, siguiendo el camino de la vida, entre los muros puestos por nosotros mismos.
¿Qué es la realidad? ¿Por qué la gente que es feliz se les marca de "estilo de vida", por qué a los ricos, y por qué no a los pobres, a los tristes? ¿Qué ocurriría si un día nos dijesen que la tristeza es lo normal que se sienta, y la felicidad es algo malo? Por supuesto que no creeríamos, porque esa afirmación choca contra nuestra realidad, la realidad que hemos creado debida a todo lo que hay alrededor de nosotros, ladrillo por ladrillo, copiamos lo que vemos y nos quedamos con la esperanza de conseguirlo "mañana mismo". Sin embargo, eso no ocurre, no podemos vivir dentro de la realidad de otros, la suya tal vez sea de las más deseable, pero no tenemos por qué estar dentro de nuestra realidad, o la que hemos copiado de otros. Se trata pues, en esta vida, de conseguir algo más, de coger un martillo y descargar toda nuestra angustia contra el muro, de concentrar todos los sentimientos que tenemos, de todas las ideas que hemos dejado atrás, de abrirse paso hacia lo desconocido. Si tendemos hacia ese desconocido, hagamos paso hacia lo que verdaderamente, dentro de nosotros queremos, ese nuevo mundo. Algunos lo llaman imaginación, otros lo llaman invención del ser humano, terceros dicen que es un modo de escaparse de la realidad, yo lo considero un inicio de una nueva vida, llena de nuevos colores, una nueva realidad, donde no hace falta copiar porque fluirá por sí misma.
Charta et Calamo
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