Recuerdo cuando mi madre de pequeño siempre me decía que
debía portarme bien con las personas, que debía dar las gracias por todo,
lavarme las manos antes de comer y que tenía que mirar para ambos lados de la
carretera al cruzar.
Yo me portaba bien e incluso llegaba a ser demasiado
ignorante, dejando que otros me pisaran allá donde fuese y sólo fuese capaz de
sonreírles porque así me lo habían enseñado. El Sol se escondía detrás del
mundo y yo detrás de él para ocultar mis defectos de cobardía.


